En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios

Y aquel verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros… lleno de gracia y de verdad.

Todo lo creado llegó a existir a causa del propósito que Dios tenía en Cristo –las estrellas, planetas, etc. fueron todas de algún modo creadas en conexión con el nacimiento, existencia y victoria de Cristo (y he aquí, por lo tanto, la humildad de Dios permitiendo el nacimiento y muerte de su Hijo en la forma en que lo hizo)

Cuando Cristo nació, esta “palabra” se convirtió en una forma de carne y sangre –”y aquel Verbo [o Palabra] fue hecho carne” (Jn. 1:14). Jesús era personalmente ‘el verbo hecho carne’ más bien que ‘el Verbo’ o Palabra. Él llegó a ser personalmente ‘el Verbo’ o Palabra cuando nació de María, más bien que en cualquier tiempo anterior.

El plan, o mensaje, acerca de Cristo estuvo con Dios en el principio, pero fue claramente revelado en la persona de Cristo, y en la predicaciòn del evangelio acerca de él en el primer siglo. De modo que Dios nos declaró su palabra por medio de Cristo (He. 1:1,2). Una y otra vez se recalca que Cristo expresó las palabras de Dios y realizó milagros por la palabra o mandato de Dios a fin de revelarnos a Dios (Jn. 2:22; 3:34; 7:16; 10:32,38; 14:10,24).

Las parábolas de Jesús revelaron muchas de estas cosas; de ese modo él cumplió la profecía referente a sí mismo: “Abriré en parábolas mi boca; declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo” (Mt. 13:35). Fue en este sentido que “en el principio… el Verbo era con Dios”, pero “fue hecho carne” en el nacimiento de Cristo.

 

 

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Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos,

la luna y las estrellas, que tu formaste,

Digo: ¿quien es el hombre para que tengas

de él memoria,

y el hijo del hombre para que lo visites?

Sal 8.3

 

Los cielos cuentan la gloria de Dios

y el firmamento anuncia

la obra de sus manos

Sal 19.1

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En la encuesta realizada por el Foro Pew para religión y vida pública se hicieron 32 preguntas sobre diferentes religiones. Estas incluían nombrar el libro sagrado del Islam, el primer libro de la Biblia, así como preguntas sobre religiones orientales.

Greg Smith del Foro Pew sobre Religión comenta: “Las preguntas fueron diseñadas para cubrir el panorama, queríamos encontrar qué sabe la gente de su propia fe y de otras religiones”.
Desconocimiento sobre Cristianismo
Ateos y agnósticos, judíos y mormones sabían más sobre religiones que los evangélicos y católicos.

En preguntas sobre cristianismo y la Biblia, los mormones calificaron mejor, con un porcentaje de ocho preguntas correctas de 12. Les siguieron los evangélicos blancos, con un porcentaje de sólo siete preguntas correctas.
Por su parte, ateos y agnósticos supieron más sobre cristianismo que evangélicos negros y católicos blancos.

Sólo 46 por ciento de evangélicos pudo identificar correctamente a Martín Lutero como la persona que inspiró la reforma protestante, y sólo un 11 por ciento supo que Jonathan Edwards participó en el primer gran avivamiento.

“Tres cuartos de evangélicos son incapaces de identificar que el protestantismo, no el catolicismo, enseña que la salvación proviene sólo a través de la fe”, agrega Smith.

Falta de interés en el tema de la fe
Estos sondeos demuestran desde hace tiempo que el conocimiento del cristianismo decae entre los evangélicos.

Lou Engle fundador de el movimiento de oración llamado “The Call” advierte un gran peligro en ser espiritual pero desconocer la palabra de Dios: “Si sacas la Verdad puedes creer que estás caminando con Dios pero no es así. Jesús dijo ‘escrito está’ cuando fue tentado. Esta generación debe decir ‘escrito está’, conocer la Palabra para vencer al enemigo”.
A aquellos con un nivel alto de educación y que asisten a la iglesia les fue mejor en la encuesta.

 

 

Las Arenas del Alma

“Yo sé que estás en crisis, me lo dicen tus ojos”. Con estas sencillas palabras pertenecientes a una vieja melodía, el autor nos lleva a recorrer el desierto de las pruebas a través del capítulo 22 del libro de Génesis. La odisea del patriarca de la fe, reflejada de una manera emocionante, y por momentos, hasta humorística, hacen de este libro, una obra atrapante para el lector de cualquier edad.


Por Dante Gebel

Este libro está dedicado a todos aquellos que han viajado por el desierto a un nivel personal, ministerial o espiritual y se ha preguntado en muchas ocaciones cómo fué que llegaron a encontrarse caminando en el polvo y arena desolada del desierto.

Las Arenas del Alma, paradójicamente te lleva a establecer una sonrisa en tu cara y ayudará a que te consideres amigo de Dios, sin importar la crisis que te encuentres en tu caminar diario.

La odisea del patriarca de la fe, reflejada de una manera emocionante, y por momentos, hasta humorística, hacen de este libro, una obra atrapante para el lector de cualquier edad.

Las Arenas del Alma

El viento sopla sin piedad sobre la cima del monte. El rostro arrugado del hombre parece más demacrado de lo normal, está cansado, extenuado.

Sin embargo, su problema no se debe a la falta de sueño, lo último que quisiera hacer ahora es dormir. Tiene el cansancio que producen la crisis, que golpea su alma con más impetuosidad que este viento irrespetuoso que se cuela entre sus cabellos color nieve.

Su figura se recorta encorvada sobre el horizonte, apenas apoyada, casi suspendida sobre su bastón arqueado. Lleva una eternidad en silencio, contemplando la nada. Bueno, tal vez lleve allí solo unos quince minutos, pero para él, significan una dolorosa eternidad.

El hombre está inmerso en una de esas crisis infinitas que carecen de sentido. Conoce ese desierto como la palma de su mano; pero nunca como esta mañana le ha parecido tan amargo, tan inerte. Tan mortalmente desolador.

A lo lejos, un águila reposa con recelo, haciendo movimientos nerviosos con su cabeza. Es casi un detalle inmerso en el faraónico desierto. El hombre apenas pestañea, siente envidia del ave. Sueña, como lo haría muchos años después un conocido rey, y coquetea con la idea de tener alas y escapar lejos, donde no haya crisis, o por lo menos, donde no importen tanto.

Pero aun así, el anciano de ojos fatigados no siente que la peor de las soledades provenga del desierto. Al fin y al cabo la arena, que se empecina en colarse en su alma, en esta última semana ha llegado a formar parte de él mismo. Al principio es molesta, pero luego, tórrida, logra amalgamarse en sus pulmones. El patriarca ya no respira en paz. Un profundo dolor lo invade por completo, y él lo toma como parte de las reglas de este juego del que hubiese querido no formar parte.

Al páramo desolador no es a lo que teme. Al fin de cuentas, él es un hombre de desiertos.

El hombre teme por el cielo
Como un inmenso telón gris, el infinito se desnuda ante él como una gran cortina de bronce, inexpugnable, impersonal.

Aprieta su viejo bastón con sus flacos dedos, mientras observa como un cielo grisáceo coloca un marco de soledad que hiere las profundidades de su alma.

—El cielo no debería estar así— masculla.

Pero el cielo no lo oye. Y en complicidad con el viento solano, castiga el rostro del viejo hombre, crispando sus pocos cabellos y lo que aún le queda de su corazón.

¿Cuánto tiempo más llevará parado allí? Eso es lo que menos importa, por lo menos por ahora. Sabe que su reloj acaba de detenerse. Que de seguir girando el mundo, de seguro lo hará sin él. Es que en las crisis no se hace uso del módulo del tiempo.

Estimados fotógrafos, sean respetuosos y guarden sus cámaras; este no es un buen momento para tomar una postal. Si el patriarca logra salir de esta situación, seguramente querrá borrar estos minutos de su álbum personal.

Un hombre no recuerda con placer esta estación de la vida, aunque hayan pasado muchos años y solo se trate de una foto amarillenta o color sepia.

¿Sacarías una fotografía del ataúd de tu hijo? Por supuesto que no. Seguramente, si el destino te golpea inmerecidamente y el infortunio llega a los tuyos de esta forma, querrás recordar a ese ser amado con vida. Por esa misma razón, insisto, no saques fotografías de este sitio.

Permite que elabore su duelo en paz en la cima del monte. Tal vez no logre hacerlo del todo bien, pero por lo menos, un hombre siempre debe intentarlo.

No quiero arriesgar una teoría, y mucho menos pretendo hacer un juicio de valores cuando no estoy en sus zapatos. Pero si no conociera la talla de este hombre, definitivamente, pensaría que esta es una carga que no puede llevar. Es, digamos, demasiado pesada para un solo mortal.

En pocos minutos, este anciano estará obligado a cometer un asesinato. No me mires así, no hay una manera más religiosa de decirlo para lograr que suene más espiritual. Si quieres, podemos disfrazarlo de reverencia y decir que solo hará un sacrificio. Seguramente nos hará sentir mejor y le dará cierto marco épico a la historia.

Menos el cielo
Pero se nos escapa el detalle de que este hombre no es simplemente un sacerdote. Es mucho más que un adorador a punto de presentar un holocausto. Es un padre.

Arquea las cejas y frunce el ceño. Tan sabio y tan viejo. Con tantos planes y tan cansado. Tantas cosas por hacer y esta crisis que llega para arruinarlo todo, que se ha empecinado en corroer el presente e hipotecar el futuro. ¿Querías oír una historia que sonara injusta? Aquí tienes una. Este hombre merecía envejecer en paz, vivir sus mejores años altos sin sobresaltos.

Pero su historia no comenzó en este monte. Esto es apenas un posible y trágico final. Quizás pueda existir una coartada, una salida alternativa para este callejón de frustración y soledad. Estoy seguro de ello. El epílogo del patriarca no puede esculpirse en la roca del solitario monte Moriah. Se supone que para cada crisis, haya una solución. Pero eso no es lo que más inquieta al anciano.

El viento se está tornando cada vez más poco piadoso, y se filtra entre las rocas y sus pensamientos. El único testigo silencioso es el águila, que observa sigilosamente desde una peña, con movimientos nerviosos y casi imperceptibles. Lo único inalterable es el horizonte.

—El cielo no debería estar así— insiste entre dientes.

Tiene razón, en cualquier crisis de la vida, todo puede cambiar y llenarse de inestabilidad. Menos el cielo. El cielo no debería ser de bronce.

No hay razones para que permanezca impolutamente gris.

De igual modo, Abraham sabe que el epílogo de su crisis tiene hora, fecha y lugar. Lo cual no es poco
.

 

Rick Warren desarrolló algunos de los aspectos que llevarán adelante en su iglesia durante esta “Década del Destino”, tal y como han denominado a su plan de actuación para este próximo decenio. Un plan para el que no quiere contar con “cristianos pasivos”.

Aquellos “que durante los próximos diez años van a perder su vida en cosas que no durarán, quizá deseen buscarse otra iglesia porque no se van a encontrar muy cómodos aquí”, expresó el pastor.

“Déjeme ser honesto con usted como alguien que los ama. Si sólo quieren sentarse durante los próximos 10 años, váyase. Porque si usted va a seguir en esta iglesia, voy a intentar que se movilice”, dijo el conocido pastor del sur de California.

El plan de la “Década del Destino” consiste en que la iglesia adopte y refuerce “ocho características del verdadero cristianismo que se encuentran en el libro de Hechos”. Estos incluyen: el poder sobrenatural a través de la oración, utilizar un lenguaje que se entienda y los canales de comunicación para la misión, la movilización de todos – desde niños hasta personas mayores -, conocer la verdad que cambia la vida, transmitir afecto y apoyo, practicar un culto alegre, ser generosos, y hacer sacrificios de crecimiento exponencial”.